Toni Piñera
Director de Galería La Acacia, Curador y Crítico
Licenciado Heriberto Acanda Ramos
Director de Galería Arturo Regueiro, Crítico y Periodista
Jorge Luis Montesinos
Director del Museo de Artes de Pinar del Río, Investigador y crítico de artes plásticas
Piter Ortega
Galerista, Curador y Crítico
Cuando un creador decide mostrar una obra terminada, nos está lanzando al rostro un desafío. Una apasionante aventura estética comienza. Y es aventura porque lleva en sí las expectativas de un hallazgo inesperado.
Imaginar o plasmar espacios ideales para estar en la justa medida de nuestros sueños, deseos y complacencias abarca una zona inmensa de la pintura.
Todas las regiones y ciudades importantes han tenido sus poetas, músicos, trovadores, vivos depositarios de tradiciones., y también sus pintores.
En todos ellos, la historia ha logrado vestirse de leyenda, el mito adquirir vigencia en narraciones y símbolos trajinados por la gente, la palabra convertirse en metáfora, y la naturaleza reunirse a elementos culturales, para devenir juntos ornamento y expresiva modalidad de comunicación.
De esta manera, el paisaje rural o citadino, con sus rasgos geográficos y étnicos, con los contrastes y veladuras suministradas por la luz, con sus estridencias e intimidades, llega a proyectarse como peculiar alegoría, ensoñación objetivada y realización artística. Y así, además, ciertos nombres de individuos suelen entonces confundirse con la misma designación o fisonomía de una localidad, comunidad o pueblo.
Pinar del Río no es la excepción. Al lado de los innumerables signos históricos, geográficos, botánicos y antropológicos de su vida cotidiana que la marcan de forma especial, va de la mano, su diversa y florecida cultura. Entre los artífices de la plástica y en particular, aquellos que cultivan el paisaje en sus variadas acepciones, está el joven Raúl García Hernández (18 de julio, 1972).
De entrada, lo que nos sorprende en la obra de este artista graduado en la Escuela Provincial de Arte de Pinar del Río, la Escuela Nacional de Arte y el Instituto Superior Pedagógico, son los diversos recursos utilizados para componer un universo, donde sin abandonar los caminos anteriores, emprende otros nuevos con mucho tino.
La sintaxis de su lenguaje pictórico, lejos de romperse, se enriquece con formas tomadas de una existencia más evidente. Dentro del espacio de cada cuadro, él nos acerca a un paisaje personal, donde realidad e irrealidad, abstracción y figuración, bañados de ciertos ismos, ocupan un lugar preponderante. Detrás yace el concepto: puede ser la soledad, la destrucción a que es sometido el entorno por el hombre con sus cambios aparentes, la tormenta que se avecina o que pasó. Como en un espejo, refleja entonces, una especie de oasis aparecido de pronto en el paisaje donde se pueden confundir el cielo con un lago o el propio mar.
La creativa imaginación de Raúl García interviene aquí de forma explosiva, recrea la memoria de lo visto y sentido en plena naturaleza e introduce "novedades" en el paisaje incorporando otras posibilidades expresivas. Así, a través de sus pinturas, podemos hacernos una idea de lo que el pintor sueña y de cómo sus sueños y anhelos se plasman en la realidad de sus obras.
Los paisajes de este artista pinareño plantean una propuesta estética cargada de profundidad. La fusión de los pigmentos, el óleo y la exuberancia en algunas zonas del cuadro, representada, ya sea por la vegetación o los cielos ponen de manifiesto los misterios de la naturaleza tropical. En sus óleos, el creador dispone de los elementos compositivos dentro de un espacio concebido casi arquitectónicamente. De esta forma, sus paisajes se equilibran visualmente en un juego de color, figuración y luminosidad que atrapan desde la primera mirada.
"todo se transforma, se modifica sin cesar; todo intento de atrapar la vida al vuelo y querer encerrarla en una obra de arte, escultura o pintura, me parece una burla a la intensidad de la vida".
Jean Tinguely.
El arte de hoy no es para nada coherente, los creadores se contradicen y aunque es posible que la riqueza creativa del arte del siglo XXI esté en la ausencia de un desarrollo coherente entre las posturas clásicas y "postmodernas", el arte se transforma en producto pasajero y efímero, sometido a procesos idénticos a los que acompañan el lanzamiento e implementación de un ánica de novedad, competencia, publicidad y exhibicionismo.
El terrorismo ejercido por ciertos aspectos de la crítica "contemporánea" ha contribuido en gran medida a crear una situación en la cual los artistas se ven obligados a adoptar miméticos cambios si no desean permanecer marginados.
Los creadores que han aceptado esta situación disponen de poco tiempo para madurar y permanecer alienados debido a la rapidez extrema de los cambios y a la creciente obsesión del olvido.
Dispuesto a definir presencia más que a bautizar tendencia, el joven artista Raúl Jesús García Hernández, llega a una completa identificación de sí mismo y de su mundo espiritual, con la elaboración de paisajes de donde ha sido eliminado todo elemento y movimiento superfluo, con toda la emoción concentrada en una luminosidad uniforme.
Sus obras construidas, con una técnica muy libre y fluida y en la que su autor ha sabido expresar de una manera muy original su composición del paisaje como tema pictórico, modelado por la luz, el color y el aire, por el espacio y el tiempo, se alejan momentáneamente de lo efímero sin poder escapar de la publicidad y el consumo, a partir de una sistemática aparición en espacios galerísticos, nacionales e internacionales.
Raúl, compositor de un expresionista y poético paisaje cubano, se ha ido especializando en esta representación de la naturaleza pinareña: aguas cristalinas, palmeras y montañas que se recrean con la tierna jugosidad del color, como metáfora de sus sueños de niñez, que él ve, como renacer romántico no totalmente ajeno a su carácter y temperamento.
La naturaleza, alcanza en este creador una fuerza y un carácter particularmente personal y atractivo, sus paisajes parten de una gama cromática y un tipo de composición muy parecida, concebida en formatos amplios y apaisados que permiten una panorámica disposición vertical de las masas paisajísticas, sean éstas montañas, bosques, aguas, palmeras o nubes.
La vegetación cubana, se resalta especialmente atractiva gracias a la variedad y amenidad de recursos con que la dota el pintor, aunque estos sean recursos que repite constantemente en sus paisajes.
En sus últimas creaciones el cielo y la variedad de matices utilizados en todas sus composiciones plásticas, son elementos cambiantes donde se intercalan amenazadoras nubes y la claridad de días despejados, haciendo variar en ambos casos la vegetación y la superficie del agua que casi siempre a compaña sus cuadros.
... recordarte azul, ¿Esta noche será rosada? Y Amanecer contigo: conforman, una serie de obras muy adecuadas a su especial estilo pictórico, en el que convive el amor por lo minucioso y el detalle, con un gusto exquisito por el color y una peculiar habilidad para situar ambientes en una atmósfera densa y cálida que envuelve y acaricia todo.
Raúl asume la vida como eje protagónico de su proceso creativo, le permite crear relaciones directas con la naturaleza, el paisaje y la familia, mediante su ilusión del tiempo y el espacio.
Sus temas en ocasiones recurren a infinidad de pasajes, remembranzas, acontecimientos o sentimientos, que sirven de presupuestos para la introducción al espectador en enjundiosas valoraciones en torno a fenómenos que forman parte de la problemática existencial de nuestro tiempo. Su obra es ante todo, exaltación del hombre, mediante un profundo y autentico mensaje ético. "La vida es un juego, la vida es movimiento".
Este creador lentamente se ha ido reafirmando en un lenguaje mucho más apegado a las revelaciones cotidianas, con hallazgos que tienen que ver con la cercanía de sus propuestas conceptuales inmersos en la búsqueda de un diálogo reflexivo que gire en torno a la sociedad contemporánea.
Sus producciones artísticas son antiguas, modernas, caprichosas, eternas y solitarias, su inquietud indagadora lo ha convertido en unos de los jóvenes creadores más laboriosos en el ámbito artístico con un agradable, sugerente y actualizado discurso teórico frente a la modernidad.
Sus pinturas se indefinen en un espacio que maneja a su antojo, logrando planos y superposiciones donde la línea y el color como recursos plásticos fundamentales, permiten que figura y fondo se entremezclen, otorgando una dinámica mayor a sus creaciones.
Sus transparencias cromáticas de enorme impresión poética y de severa elegancia consiguen desmenuzar la sensación fugitiva de la luz y crear así en sus cuadros un clima grato y artísticamente original. Actualmente la mayoría de las obras del artista, se encuentran en instituciones políticas del Estado cubano y centros turísticos, aunque las colecciones privadas en el extranjero, siguen siendo el referente fundamental de la memoria histórica de su vida creativa. Incansable creador que tiene el mérito de trabajar concientemente, para enfrentar por problemas conceptuales y de espacio, la crítica narcisista y banal, que ha tratado de obstaculizar sin éxito su prolífera y abundante creación paisajística, bañada de lirismo y poesía, que nada tiene que ver ni estilística, ni técnicamente con otra anterior o paralela en la creación plástica vueltabajera: Los invito pues en hora buena a reflexionar sobre cuestiones que desde el punto de vista, estilístico y conceptual debían tener punto de contacto, si vemos a la crítica como soporte de la creación, como movimiento que surge, se consolida y desarrolla a partir de momentos, tendencias, estilos y situaciones que históricamente han sido cambiantes.
Hoy cuando la plástica contemporánea se sintetiza en el dibujo de las ideas a partir de nuevas y variadas formas de interpretación, soy de los que piensa que la "belleza de las cosas existen en el espíritu de quien las contempla", es por eso que la única facultad del hombre ante las obras de arte, es la de detenerse con mucho amor. Todo artista tiene la compleja tarea de escoger sus temáticas y perfeccionar sus técnicas, estoy planteando que a estos comentarios (de los que se autoerigen apóstoles) les hago poco caso, me parecen que alimentan hoy su creación y su éxito, estas superficialidades y estas nociones tenaces me lucen simplistas y poco ingeniosas. Poco excitante, en todo caso, no amo a los griegos. No comparto nada sobre sus ideas de belleza, sobre el buen gusto, sobre el alma bella. La creación viciada por los premios y el mimetismo, no es a mi vista, más que billete viejo y falso sin ningún valor.
Ya es hora colegas. En estos momentos históricos de confrontación y análisis que la crítica buena, la que ayuda, precave y cura, demuestre que no debe herir, morder, ni lacerar, es látigo, aguijón y caricias, aguijón que alienta y estimula, caricia que agradece la intención y premia los resultados, para aquilatar y reanimar el espíritu poético y creativo del artista, mediante la luz pura y transparente de la sana crítica, que alimenta, corrige, perfecciona, ilumina y cultiva el fruto de la creación.
Pudiera considerarse muy fácil pintar paisajes al convivir con las excelencias de la geografía pinareña y al acumular una de las más espesas historias regionales del género en Cuba. Asimismo, oportuno debido a la aceptación que en los últimos años ha ido logrando.
El asunto se debe y muestra múltiples causales que no seria imprescindible tratar aquí, puesto que con solo mencionar la problemática que nos ocupa, ya es bien entendible por todos. Y es cierto también que todo ello propicia la creación, digamos que directamente aceptada por unos y aprovechada por otros para arremeter contra dichos esquemas.
Algo muy curioso acontece en la sociedad cubana de hoy acerca del punto de vista que se tiene de la creación artística, sus funciones, representación social y su lugar dentro del proceso de producción de valores, tanto culturales como mercadeables.
Menciono un ejemplo que aunque por ahora solo inicia esta madeja de conjeturas, clarifica el señalamiento anterior, y nos coloca de golpe dentro del asunto: La opinión generalizada de que cualquiera puede, y hace pintura, es decir, pinta. eso lo hace cualquiera , es la expresión popular que encierra dicha creencia. Juicio representativo del arte como mera actividad productiva, una más, cosificación del valor artístico, alternativa de subsistencia popular y profesional; y apenas, creencia influida por los procesos de renovación y trasgresión estéticos acaecidos durante las últimas décadas. La socialización del arte potencia ambas fracciones. Porque hoy el arte esta en todas partes, ha salido (se le ha sacado) de los aureáticos recintos tradicionales, ahora a la mano, con solo estirar esta, camina junto a nosotros.
Ni qué decir de algunos géneros históricos, como el paisaje. Sin lugar a dudas, se ha generalizado lo que pudiéramos nombrar como artesanización de la pintura y la escultura, y en medida considerable la cerámica. De pronto han brotado muy visiblemente mercados paralelos, tiendas, puntos de venta, galerías y timbiriches donde se compra-vende. Intermediarios, empresarios, dealers, representantes, ferias, subastas. Entonces es oportuno preguntarnos: ¿Qué lugar ocupa en la memoria colectiva ese arte cuestionador, inquieto, revolucionario por inconforme; y hasta el mismo paisaje? Si tomamos en cuenta la pintura de paisaje, obtendremos un mapa claro y preciso de la posición que manifiesta el arte y toda una psicología y sociología asociadas al género, dentro de los procesos socio-culturales cubanos de este minuto.
Escribir hoy sobre el paisaje y sus autores suele verse como intento menor, sin importancia (no sin cierta razón), cuando esta misma opinión ya es sintomática, lo que igual es empequeñecido. Para mi constituye un reto puesto que autor y obra marcan una de las relaciones más significativas de participación pública. Existen ejemplos de artistas que sus propias personalidades estimulan la atención de la palabra, acrecentando cuanto hacen con sus gestos, opiniones, filosofía de la vida. Ellos aparecen pintorescos, carnavalescos performáticos, populares. Raúl García es un pintor ágil, vividor de la ciudad y de sus lugares vociferantes. Originario de una capital en la cual la realidad circundante es deseo de pueblo en el seno del campo, quizás de ahí provenga su inclinación a pintar paisajes, y nunca reproduciendo el entorno natural. Contraste de su urbanidad impregnada como pocas ciudades nuestras, del espíritu campestre, paisajístico que incluso ha marcado los procesos socio-culturales de la región más occidental de Cuba. Ante todo, los paisajes de Raúl existen dentro de su propio pensamiento que va completando instintivamente, espontáneamente sobre el lienzo o la cartulina a través de la sucesión-adición de materia pictórica. Nace de un modelo creativo en el cual la pintura se despliega buscando el mismo paisaje que no existe de antemano, ni en fotografía ni en referencia modélica inmediata. Los paisajes de dicho autor se muestran estáticos, apresados por una atmósfera densa, que imposibilita, detiene. Expresan lo desértico, la desecación pero atmosférica aun cuando utilice gamas cromáticas entre los azules y los verdes, metáfora sobre la existencia humana. Decir que lo distingue junto a Ulises Bretaña, Lester Campa, en el conjunto de los llamados paisajistas pinareños que metaforizan sobre la civilizacion. Quizás R. G. pueda ser considerado el último exponente identificable de esta región en ir accediendo a través del género hacia determinados enclaves de legitimación y niveles de creación dentro del contexto del arte cubano de hoy.
En sus pinturas predominantemente monocromáticas todo transcurre en un primer plano dramático y nunca de perspectiva lineal, más bien en un primer plano atmosférico. Para lograrlo enfoca vistas frontales, hieráticas en el centro del lienzo, alrededor de las cuales se extiende la permanencia y el peso de algo como una fuerza centrípeta que unifica el arriba y lo de abajo.
Los paisajes de Raúl se distancian de la línea visual predominante en la mayoría de cuantos cultivan el género en Cuba. En estos últimos la materia pictórica se subordina a la ilusión nostálgica del arquetipo de la forma, los planos, las luces tropicales, el abundante amasijo de coposos bosques y el consabido caminito que se pierde en la distancia o en el recodo exuberante. En R la materia pictórica dobla a la forma sensual, la oculta o la transforma en el intento de caracterizar un entorno áspero, violento. Es un pintor del brochazo, del espatulazo, es decir, de la superficie texturada, ríspida. Incluso, en su conjunto, las pinturas revelan influencia de la pintura abstracta: La expresión del color, la textura, el empaste.
Son pinturas en las cuales su autor manifiesta una concepción pictórica no formalizante del paisaje, donde el color, las texturas, las posibilidades de la pintura como materia gruesa, materia deforme, dúctil, se distingue. Aquí sucede lo contrario de la lectura consabida que acompaña al paisaje lustrado. Entonces el cielo no es el cielo ni lo es el agua, sino en ambos casos lo que percibimos es la gruesa capa de pigmento que por la ubicación nos los reafirma. Nunca las cascadas que se despeñan; al contrario de los árboles y los escasos fragmentos de cercas destruidas, deterioradas interrumpiendo en algunos casos, y en otros desapareciendo dentro de la pincelada o el espatulazo que representa a la tierra o la espesura, delimitantes en su momento de un área de naturaleza que pareciera haber quebrado ese límite humano. Así mismo, la desolación, la soledad se convierte en un personaje flotante, advirtiéndose la huella de lo humano, además identificable en las cercas de madera y alambre que se confunden con el entorno natural.
Otro de los componentes básicos de sus pinturas-paisajes reside en la puesta en escena del concepto de lo arbóreo: Lo enmarañado, lo inaccesible, el tejido ramal en la naturaleza, recurso compositivo y simbólico metaforizante de un estado primigenio en peligro de extinción, al borde de la desnaturalización, de su deterioro y de lo humano, visto este último como parte inseparable de aquella. Entonces el autor logra una visualidad que parece unificarse toda como en estado de derretimiento, de fusión magmática de los componentes telúricos. El cielo y el mar violentos, como salidos de si, que siendo parte inseparable de lo que líneas más arriba fundamenté como lo arbóreo, acosan a esos pequeños núcleos de plantas, cetro de la composición, acentuando la condición orgánica de la naturaleza que se reproduce, se recompone en virtud de organismo viviente.
Pintar paisajes en Pinar del Río tiene su cosa. Es quizás de las regiones que más se resiste, tanto por la consistente historia acumulada a partir de Domingo Ramos, Antonio Rodríguez Morey, Tiburcio Lorenzo, Rene Portocarrero, hasta la caprichosa, cambiante atmósfera y su incidencia como símbolo, referencia en nuestro autor y en la cultura cubana.
¡Detente instante, eres tan bello! Goethe
El arte está hecho para seguir siendo ilusión, si entra en el dominio de la realidad, estamos perdidos. Jean Baudrillard
El género paisajístico ha sido harto preterido dentro del panorama general del arte contemporáneo cubano -y no solo. Con el ánimo de erigir el conceptualismo en la norma exclusiva del presente, no han faltado los críticos, curadores e instituciones que se han convertido en detractores abiertos del género y de otras expresiones del arte de oficio.
Para muchos la téchne y los valores estéticos han quedado destituidos en la era postmoderna, de manera que cuanto importa es la hermenéutica, la interpretación, el sentido. Dicho de otro modo, del binomio forma-contenido, solo le confieren protagonismo al segundo, en detrimento de la primera. Para las personas que suscriben semejantes criterios, el único arte que vendría a ser hijo legítimo o auténtico de esta época es aquel de corte más experimental, transgresor (entiéndase happenings , performances , video, instalaciones, etc.); el resto no sería más que un descendiente bastardo, un fósil de tiempos pasados destinado a desaparecer. Pareciera que para tales individuos la experimentación es un indicador de valor a tener en cuenta a la hora de establecer el juicio crítico o determinar el grado de pertinencia de una obra a nuestro presente histórico. Lo cual es altamente cuestionable, pues si algo de positivo tiene la contemporaneidad en materia de arte es justamente su pluralismo, su democracia visual ("todo vale", como diría Jean Francois Lyotard). Se trata de un momento en el que conviven armónicamente y sin jerarquización todo tipo de poéticas, lenguajes, maniobras, discursos. La única norma posible hoy día es la carencia absoluta de ella. Algo que nunca podemos perder de vista es que cada obra hay que juzgarla según su propia finalidad, para no pedirle "peras al olmo", para no reclamar a un paisajista el ultra-mensaje metafísico que no formó parte de su pretensión primera, orientada la mayoría de las veces hacia el énfasis en la factura, el acabado, los valores formales.
Es como si en los tiempos que corren la preocupación por lo bello hubiera devenido herejía, pecado capital. Es raro encontrar un texto de algún crítico donde se atienda este tópico. Hay como un temor generalizado a exclamar "qué bella esa pieza", o "qué virtuoso ese artista", y todo por la "neurosis idéica" o el "síndrome cognitivo-conceptual" que tanto daño han hecho a nuestro arte y a nuestra sensibilidad y percepción estéticas. A mí por lo menos, no me cabe dudas de que la belleza jamás será desterrada del ámbito del arte (y menos aún los pinceles y el caballete). Por eso le sigo rindiendo culto al goce retiniano, al placer visual., como me ha ocurrido recientemente al descubrir las hermosas pinturas del joven creador cubano Raúl Jesús García Hernández (Pinar del Río, 1972), cuya obra es una prueba fehaciente de la excelente salud del género paisajístico en nuestro contexto, al tiempo que desmiente todo prejuicio o visión estereotipada con respecto a dicho arte.
Raúl se inscribe dentro de la vertiente del paisaje rural, pero no lo hace desde una óptica mimético-académica sino más bien expresionista, con una gran soltura y desenfado en la pincelada. Su trazo es muy dinámico, ligero, por momentos hasta gestual, lo que delata cierta impremeditación y espontaneidad. La textura nunca imita la experiencia real de la naturaleza; está dada en cambio por las características mismas de los materiales empleados (el empaste directo del óleo sobre el lienzo). De ahí la sensación de aspereza que sobreviene al sondeo táctil de muchos de los cuadros. En sus trabajos predomina una gran densidad de la pasta matérica, lo cual le confiere un sello muy original a su poética.
El color es también decisivo en las propuestas de Raúl. La gama cromática es muy variada, y se desplaza indistintamente desde colores cálidos e intensos, como el rojo o el naranja, hasta los más fríos y neutros, como pueden ser el azul, el verde, los ocres, los grises (aunque realmente prevalecen estos últimos). En ocasiones se establecen fuertes contrastes lumínico-cromáticos, dados en lo fundamental por la yuxtaposición y coexistencia de complementarios. Otras veces nos topamos con una atmósfera brumosa, lúgubre, henchida de espejismos y ensoñaciones, donde el color funciona como elemento que le aporta un carácter esotérico, místico o enrarecido a la escena representada. Asimismo, las distintas tonalidades que emplea el creador irradian voluptuosidad, fruición: su tratamiento de los matices es sumamente sensual, emotivo. Por otra parte, en determinados cuadros en los que se observa el agua -ríos, etc.- el autor logra unos efectos de transparencia realmente admirables, como ocurre en una pieza que considero paradigmática dentro del conjunto de su obra, y es aquella en la que se divisa el movimiento sinuoso y torrencial de una enorme cascada. En esta pintura las exquisitas tonalidades plateadas o grisáceas, unidas al grado de verosimilitud que alcanza esa suerte de neblina o salpicadura alrededor de la corriente que se despeña, adquieren una dimensión poética de gran impacto en el receptor. Creo que ese lirismo en la visualidad es un elemento definitorio y distintivo dentro del estilo personal del creador; es un rasgo que lo singulariza.
Otro aspecto a destacar en sus trabajos es el manejo de la composición y la estructura interna de los cuadros. Raúl ha demostrado mucha habilidad en este rubro. En sus obras no hay lugar para el estatismo: el paisaje se nos muestra siempre agitado, convulso, en plena efervescencia y conmoción. En todos los casos la imagen representada vibra intensamente ante la retina del espectador, recurso que de algún modo nos puede recordar las características en términos de factura de una parte de la tradición impresionista decimonónica -aunque por supuesto el método de trabajo de Raúl es bien diferente al que empleaban los artistas que defendían dicha tendencia en Europa. Se podría hablar hasta de cierto abigarramiento o barroquismo en la visualidad, lo que se constata en ese gusto del autor por ocupar toda la superficie del lienzo, sin dejar zonas libres, áreas que no hayan sido transmutadas por su diestro pincel.
En lo referente al tratamiento de los volúmenes y el espacio pictórico, el creador raras veces emplea la perspectiva lineal y el punto de fuga. En sus pinturas la sensación de profundidad espacial es conseguida más bien a través del uso de la perspectiva atmosférica, la superposición de áreas, la diferencia de tamaño de las configuraciones, la diferencia de valores, colores y texturas, entre otros indicadores de espacialidad. Generalmente el artista privilegia los grandes planos generales -nunca vemos un plano detalle-, en los que se aprecia la vastedad de nuestros campos en toda su extensión y riqueza. Sin embargo, resulta muy interesante que el ser humano está totalmente ausente de los entornos rurales presentados. A pesar de que la naturaleza es casi siempre reflejada en toda su exuberancia, en algún que otro cuadro esta aparece mustia, empobrecida, quizás hasta devastada o destruida, quién sabe si por causa del propio hombre, ese que jamás asoma sobre el lienzo pero cuya huella se siente, palpita en cada arboleda, detrás de cada planta.
Hay algunas piezas en las que se evidencia un visible interés del artista por las formas abstractas, aun cuando se muevan dentro de los cánones de la figuración. Es así que muchos de los planos superiores de sus telas, si los descontextualizáramos de la obra original, no serían los nubarrones que intuimos encima de la abundante vegetación, sino un amasijo de líneas y colores con vocación de autonomía plástica, de regodeo estético-formal. Incluso, en algunos ejemplos puntuales el referente sí llega a diluirse por completo en el entramado pictórico, de modo que en tales casos estamos propiamente en presencia de una obra abstracta en toda la amplitud del término. Cuando sucede esto último, la influencia del destacado pintor norteamericano Jackson Pollock -con su célebre técnica del dripping - es decisiva.
En sentido general, la obra de Raúl García, a pesar de su corta edad, es bastante sólida y consistente, lo suficiente como para asegurarle un futuro exitoso dentro de los predios del género en nuestro país. El tiempo dirá.
Atrapado sin salida
Quizás porque nació hace 30 años en la ciudad de Pinar del Río, y porque la naturaleza deslumbrante de esos parajes nunca ha dejado de asombrarle, Raúl García Hernández no solo ama la pintura, sino que también defiende la permanencia del paisajismo como un género pictórico que refuerza nuestra identidad nacional.
(.) este joven no se acerca al hermoso panorama que le rodea con la mirada complaciente de quien nada más desea mostrar la nostálgica luz crepuscular, los bohíos, palmas y otros elementos de nuestra cubana. Su visión es más comprometida, directa, realista. Porque el es un pintor de estos tiempos.
"Me siento feliz de ser parte de este renacimiento de la Escuela Nacional de Paisaje, de la renovación de los primeros géneros que se cultivaron en la isla".
Archipiélago mío y Tierra brava (.) en ellas se aprecia su mirada inquieta hacia el entorno inmediato, e incluso más allá de las fronteras." No se trata de reflejar el paisaje ornamental, horizontal, ni de hacer una reproducción exacta de lo que ves, sino llamar al razonamiento, y sin dejar de ser cubano, lo cual no significa divorciarnos de las tendencias actuales.
"Para mi pintar encarna, además de llevar al lienzo una idea y ponerle colores y matices, un compromiso.
(.) continúa indagando en la experimentación formal con el propósito de ofrecernos un paisaje que elude las maneras académicas y busca recrear la calidez y movimiento del trópico mediante una pincelada suelta y aplicando colores puros. El uso de la espátula en su propuesta contribuye a explicitar la diferencia respecto a una obra académica. (.) en el caso de Raúl se manifiesta en una pintura temperamental, desembarazada, atenta a cada cambio en el ambiente
Y entre los más jóvenes seguidores contemporáneos, con una propuesta peculiar, se encuentra nuestro pintor, Raúl Jesús García.
Acaso el manejo desenfadado de la composición, la soltura de la pincelada, el variado uso del color y los vigorosos empastes, resulten algunos de los patrones de su obra. O quizá, la sui géneris asimilación del paisaje, o el vigoroso temperamento de sus cuadros, lo destaquen como el más atormentado de sus cultivadores.
En ocasiones, creo, que detrás de ese desenfado se oculta un indudable carácter autobiográfico, cierta posesión instintiva que nos llama no a detenernos a contemplar una obra preciosista, mimética, sino un paisaje que nos interroga, que nos invita a desentrañar esa atractiva mezcla de placer y desazón.
Y es que la pluralidad de sus gamas nos remite a estados anímicos disímiles, los grises, naranjas, rojos, azules, verdes son de una semejanza sin par. Tanto, que parece que el artista convierte el excelso acto de la creación, en un ejercicio lúdicro, un juego pueril, en un divertimento. Pero no, sería una pretensión insulsa, fallida; en la pintura el artista se juega la vida y seguramente que apuesta a ganar.
(.) su discurso esta en evolución permanente y sus temáticas generadas por una autentica y profunda asimilación de lo moderno, permitiendo que su obra cuaje , se solidifique y alcance la magnitud de la real madurez.
(.) la asimilación del paisaje cubano por Raúl García, conserva la eterna permanencia de elementos típicos de nuestros campos desde enfoques naturalistas y a la vez reflexivos ,trabajados con pinceladas sueltas y empastes yuxtapuestos, estableciendo un vínculo falible entre textura, línea, luz y color.
La mezcla y el empleo simultaneo de colores complementarios empastados delatan la exhuberancia de nuestro temperamento tropical, los efectos del vinculo de tonalidades cálidas y frías le permiten al autor crear variadas atmósferas expresionistas que lindan con el realismo y se postulan criterios en los que se reafirma lo cubano dentro de todo el espejismo de la modernidad.
Raúl es un excelente colorista y un eterno enamorado del color que usa en abundantes empastes, siempre en la búsqueda de nuevas maneras de expresión: su discurso está permanentemente en plena comunicación con los espectadores, los que atraídos por la frescura y la espontaneidad de la pincelada, difuminada en la distancia logran una perspectiva que nos obliga a la reflexión y al análisis.
Sus creaciones plásticas van más allá de interpretaciones particulares y sin rebeldía arrastra tras de si los conceptos y criterios que forman parte de la historia que nos concederá el tiempo como fiel testigo de la riqueza cultural que crece desde la infinita posibilidad de los sueños, los que alcanzan su verdadero valor cuando el artista lo refleja con originalidad y personalidad de la ejecución técnica (.) Raúl nos lleva con la fuerza de su obra a experimentar un sorpresivo placer estético gracias a la cubanidad de sus composiciones, en forma y contenido.